Prólogo
Pufff… ¿y qué hago estas vacaciones?
Siempre me pregunto lo mismo. Me llevo días, semanas, incluso meses dándole vueltas a la cabeza: “A ver si este año me lío la manta a la cabeza, como hice otras veces, y me marco una rutita de esas que prometen, con mochila incluida.”
Pero pasan los meses, diría que hasta los años, y nada. La rutina te consume, te va robando el tiempo a mordiscos, y aunque las ganas siguen ahí, no siempre coinciden con el momento. Y claro, para que una aventura empiece de verdad, las dos cosas tienen que encontrarse: las ganas y el tiempo.
Más aún después de este último año, uno de esos que casi dan ganas de arrancar del calendario y tirarlo a tomar por culo. Qué lento pasa el tiempo a veces...
Al final pude aprovechar una pequeña escapada y disfrutar de unos días de tranquilidad por aquí abajo. Pero ya se sabe: cuando empiezas a cogerle el gusto, se acaba lo bueno. Y pa colmo, el soporte del maletón decidió pasar a mejor vida. Pufff… a saber cuándo lo arreglaría.
Pero qué bueno es tener amigos. Sobre todo de esos que saben hacer casi de todo. Yo tengo uno de esos: Antonio. De los que te apañan cualquier estropicio y, encima, lo dejan mejor de lo que estaba.
¡Como nuevo lo dejó! Mejor aún, diría yo.
Aquello ya fue la señal que me faltaba. Un día me planté y me eché palante. No es que fuera a dar la vuelta al mundo, pero qué carajo: todo gran viaje empieza con un paso, aunque sea pequeño. Y este era el mío. Un primer empujón para que la próxima vez no hubiera excusas y la ruta tuviera que ser todavía más grande.
Me costó lo mío decidirme. Que si la Selva Negra, que si Polonia, que si otra locura por ahí… Pero al final me quedé con “la patria pequeña y vulgar”, como cantaba Manolo García. Y así fue tomando forma la idea: dar una buena vuelta por España, disfrutar del camino y demostrarme que, si esta salía bien, la siguiente tendría que ir aún más lejos.
Así que decidí hacer la Transpirenaica. Y viviendo en Huelva, eso no es precisamente moco de pavo. Porque no se trata solo de cruzar los Pirineos: primero hay que llegar hasta allí, y luego volver. Y ya que vas, pues intentas hacerlo bien.
Estudié rutas, opciones y desvíos para aprovechar al máximo los días de vacaciones. Que si subir en diagonal, que si tirar por Levante, que si improvisar, que si reservar… Al final lo metí todo en un único viaje, una especie de media vuelta a España con alma de aventura y pinta de “vamos a ver qué pasa”.
Y así comienza esta pequeña gran aventura: darle media vuelta a España en catorce días.
La he llamado Transpirenaica y la he dividido en cuatro capítulos que iréis descubriendo poco a poco. El primero de ellos es:
Capítulo I: La Ruta de la Plata
No ha sido fácil organizarlo todo. Había mucho que decidir: si iba completamente a la aventura, si reservaba alojamientos, si me llevaba la tienda, si lo dejaba todo más cerrado o si abría la puerta a la improvisación. Al final opté por algo intermedio: yendo solo, mejor llevar una base preparada… pero sin quitarle del todo la gracia al “a ver qué pasa”.
Y aquí empieza el relato de mi pequeña gran aventura.
Besos, y espero que os guste.

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